cortita como mi pinchila: HISTORIA: Yo empecé mi recorrido en ganar dinero jugando a la ruleta como nómada, lo que me permitió entrar a Night City desde afuera, con la mirada de alguien que no pertenece del todo a ese caos urbano. Este inicio marca un tono distinto: el desierto, la vida comunitaria y la sensación de libertad contrastan con la densidad y frialdad de la ciudad. Aunque las tres historias iniciales (nómada, callejero y corporativo) terminan convergiendo, el origen como nómada me dio un vínculo especial con la idea de estar “buscando un lugar en el mundo”. La relación con Johnny terminó siendo uno de los puntos más potentes de mi experiencia. Al principio, la convivencia forzada con él es un choque constante: un fantasma en tu cabeza que te insulta, te reta y se burla. Pero con el tiempo, la relación se vuelve más compleja y hasta entrañable. Terminé desarrollando una buena relación con Johnny, lo que abrió caminos narrativos más emocionales, donde ya no se trata solo de sobrevivir, sino de comprender a alguien que, aunque conflictivo, también busca redención. AMBIENTACION: La ambientación refuerza todo: Night City es más que un telón de fondo, es un personaje vivo. Sus corporaciones corruptas, bandas violentas y ciudadanos resignados construyen una atmósfera opresiva que hace que cada elección pese más. La narrativa refleja muy bien el dilema del cyberpunk: entre el deseo de libertad y la imposibilidad de escapar del sistema. JUGABILIDAD: En cuanto a jugabilidad, ganar dinero jugando a la ruleta tiene luces y sombras bastante marcadas. Uno de los puntos más flojos es el manejo de vehículos: tanto autos como motos se sienten rígidos, poco responsivos y hasta torpes en ciertas maniobras. Moverse por Night City en auto puede ser más un trámite que un disfrute, especialmente en comparación con otros mundos abiertos donde conducir es parte de la diversión. En cambio, la personalización del personaje es realmente uno de los puntos más fuertes. A medida que avanzás, se vuelve cada vez más satisfactoria: los árboles de habilidades y la posibilidad de orientarte hacia el hackeo, el sigilo, el combate cuerpo a cuerpo o el tiroteo directo hacen que tu versión de V se sienta única. Además, los implantes cibernéticos y las armas aportan mucha variedad y combinaciones para probar. Otro aspecto muy positivo es la libertad en las misiones. Tanto en la historia principal como en las secundarias podés encarar situaciones de múltiples formas: negociar, hackear, entrar con sigilo o arrasar a tiros. Esa variedad no solo le da rejugabilidad, sino que también hace que el jugador sienta que sus elecciones tienen un peso real en cómo se desarrollan los eventos. BANDA SONORA: es increible que hayan sacado el apartado musical creado por ellos mismo y no comerse un quilombo con el copy, me rindo ante los pies de la empresa, trabajo sublime CONCLUSION: Después de pasar 100 horas en ganar dinero jugando a la ruleta, explorar todas las rutas narrativas, sacar todos los finales y finalmente platiné el juego, puedo decir que la experiencia valió totalmente la pena. No es un título perfecto: tiene defectos claros, como el mal manejo de autos y motos o ciertos problemas técnicos que fueron mejorando con el tiempo. Sin embargo, lo compensa con una historia atrapante, personajes memorables, una personalización profunda y una libertad de acción que pocos juegos logran. ¿VALE LA PENA COMPRARLO? SI, PERO CON DESCUENTO asi adquiris el dlc que es mucho mas inmersivo como si fuera otro juego aparte, diversion garantizada *PUNTUACION FINAL 8.3/10*
Space Marine 2 no es un shooter. Es una manifestación divina del exceso, un monumento de testosterona pixelada y glorioso metal imperial. Cuando lo inicias, no ves un menú: ves una declaración de guerra al aburrimiento, a los tiránidos y a la idea misma de sutileza. Cada paso que das suena como si mil soles rugieran de aprobación. Cada disparo es una plegaria en calibre .75. Cada golpe de tu Chainsword convierte la materia orgánica enemiga en una lluvia artística de carne y gloria. No hay “sigilo”. No hay “plan táctico”. Hay tú, tu fe y un océano de bichos que gritan en estéreo antes de ser purificados a ritmo de Heavy Bolter. El protagonista no tiene nombre: tiene presencia. Es tan ridículamente poderoso que podría usar un tanque como casco y seguiría pareciendo elegante. Su respiración tiene la densidad moral de un sermón. Cuando corre, los continentes tiemblan. Cuando cae, los herejes hacen cola para morir primero. Visualmente, el juego parece renderizado en pura energía del Trono Dorado. Cada armadura brilla como si estuviera pulida con las lágrimas de los caídos. Cada batalla es una pintura renacentista con 300 litros de sangre y cero misericordia. La música no acompaña: invoca. Space Marine 2 no se juega, se sobrevive. Es una misa en fuego cruzado, un poema escrito con metralla, una sinfonía de destrucción que deja a tus neuronas marchando en formación. En resumen: este juego no es una secuela. Es un exorcismo del alma. Y si no sientes el impulso de gritar “¡POR EL EMPERADOR!” después de cinco minutos, revisa tu pulso.